viernes, 28 de noviembre de 2014

Berta y Bosco


Nudo: Apenas podían respirar, el aire era espeso y húmedo, cargado de aliento y saliva. No podían respirar, pero no querían más vida que esa. Esa bajo las mantas, vida de cama y domingo. Vida y piel. Seres humanos y cinco sentidos. Se respiraban, aunque casi no quedaba oxígeno bajo las sábanas.

Planteamiento: La vio de espaldas y la reconoció por las piernas largas y la postura infantil impropia de la mediana edad. Cuando se le acercó sonrió mucho, con expresión sincera y, de pronto, Bosco, supo que todo iba a cambiar. Era la primera vez que se veían después de tantos países, tantas historias, tantas analogías.

Desenlace: Berta cerró la puerta del coche, se aseguró de que llevaba todo lo que iba a necesitar: el cargador, dos mudas de ropa interior, una falda, una camiseta blanca y otra negra, chanclas, un biquini de rebajas y lo puesto. Nada estaba pensado, no lo habían preparado y como los grandes planes sólo podía salir bien. Cerró los ojos, buscó los dedos de Bosco y los acaració uno a uno. "Arranca"

viernes, 21 de noviembre de 2014

Bajar escaleras


Una vez, distaban ya años entre los protagonistas de esta historia, mientras ella visitaba a D (alguien a la que él conocía, pero que no recordaba). Mientras ella, la protagonista, y su amiga tomaban una caña en un bar de barrio muy improbable de Madrid, aparaeció en escena él, o quizás no lo fuera. Lo primero que vio fue una sombra lejana: misma silueta, misma nariz corva, pelo revuelto. Vuelco.

D mira hastiada a la chica, ante la amenaza del mismo tema manido. La concentración desaparece de la conversación. "Céntrate" se dice ella, vuelve a su amiga, a sus historias, la complicidad. Lo mucho que se echan de menos.


La sombra se materializa justo a su lado. Le sigue un niño ¿Va con él? Rubio, con chándal y churretes. Vuelco. Vuelco.


"¿Es él?" Le pregunta a D, quien dirige una mirada rápida, arruga el gesto y añade que no lo recuerda, pero que está segura de que la chica no lo habrá olvidado.


El resto del tiempo juntas está velado. Un abrazo. La sombra al otro lado de la calle andando en la misma dirección que nuestra chica. Corazón al galope.


"Espero verte pronto", dice. "Espero que sea él", piensa.


Al girar para entrar en la boca del metro, allí está, parado frente al mapa, mirando muy fijo.


20 escalones.


Uno: "Es."


Dos: "Mismo perfil."


Tres: "No tiene sentido."


Cuatro: "Destino bufón."


Cinco: La mira.


Seis: No sabe qué decir.


Siete: "¿Por qué?"


Ocho: "No es"


Nueve: "Te odio. Te quiero".


Diez: "Pendientes"


Once: "Al menos a este lado"


Doce: "¿Qué está buscando?"


Trece: Ella quiere irse.


Catorce: Ella quiere llorar.


Quince: Mejor correr.


Dieciseis: "Es él."


Diecisiete: "Me lo he inventado todo."


Dieciocho: Silencio.


Diecinueve: Pum-pum-pum-pum. En la boca, en la cabeza. Ensordecedor.


Veinte.


Llega hasta el torno. Vuelve. Se gira. Se para a su lado y dice: "No te llamas como él y no me conoces, ¿Verdad?".


Él sonríe con dientes que la chica no reconoce y dice que no.


"Menos mal", suspira.


La chica entra en el metro pensando que debería haberle besado porque quizás alguien como ella le rompió el corazón, al igual que alguien como él se lo rompió a ella.

lunes, 10 de noviembre de 2014

Diálogo



- Aquí está, ya vuelve esa sensación.
- ¿Qué sensación?
- ¿En serio?¿De verdad me lo estás preguntando? He visto cómo te vestías de mí recogiendo mi ropa interior del cubo de la basura, usando mis pantalones que, por cierto, te van largos; llevando la raya del pelo en el lado izquierdo, robando mi color de labios, comprando, incluso, mi olor. Me sorprende que no sepas completar mi frase, tú, que siempre que conversamos mueves tus labios siguiendo la estela de mis palabras, pronunciando las últimas sílabas de las que vas seleccionando...veo que te incomoda que hablemos de ello, pero la primera en sentir esta extrañeza fui yo, al ver que mis rutinas eran repetidas por otro. Tú.
- Tengo que irme, he dejado la vitrocerámica encendida.
- No, tengo que contarte lo que siento. Vas a escuchar.
- Tengo que irme, mi hermana, mi prima, mi abuela están solas y necesitan que las alimente. Hago la comida con estas manos, manos, manos. Estoy sucia. tengo que ducharme. Mi padre me llevará a la fiesta de bienvenida de la compañía. Es sorpresa, nadie lo sabe aún, él dará un discurso de agradecimiento. El más importante y emotivo del año. Por favor, no se lo cuentes a nadie, que quede entre nosotras.
- Otra vez. Innecesario.
- ¿El qué?
- Tus mentiras, tus excusas, tus secretos, tus manías. Tu disfraz.
- Ya no me disfrazo, ahora soy fuerte, hago lo que quiero, ya no hay sumisión, soy fuerte: ¿No lo ves? Digo que no todo el rato.
- Sistemáticamente.
- ¡NO!
- La sensación por la que preguntabas es esta, escucha atentamente y no preguntes nada más. Después podrás ir a apagar la vitrocerámica, a regurgitar comida para tu familia, a dar brillo a tus rodillas o a preparar el discurso de tu papá. La sensación la conoces bien, ésta la robé de ti, me debías unas cuantas ideas. Mi sensación, mi certeza, es que todo lo que dices es mentira, todo en lo que crees es mentira, todo lo que eres es mentira. Porque lo basas sobre otra mentira que construiste sobre otra mentira. Esa imagen de mi misma interpretada por ti es una mentira más. Otra falacia. Y esto no lo es, esto es de verdad: Basta ya de mentiras.

martes, 28 de octubre de 2014

Proverbio



Paradójico

Externo

Peregrino

Salpícame la cara con tu saliva, que tenga que cerrar los ojos, que me estremezca al oírte, que huela tu sabor entre mis pestañas.
Si lo que vas a decirme es cierto, me dará igual que me acaricies o me escupas con palabras. Pero si no lo es, cállate, no quiero saberlo.

Xilófono

Cronómetro

Compás

Cántame una canción al oído, que nadie más te oiga. Envenéname con tu amor a través de cualquier orificio. Secretos para otros, sólo quiero canciones. Cántame una canción al despertar, la primera que se te ocurra. Duérmete sobre mi estómago, óyeme rugir.

Jirones

Manicura

Sigilo

Morderte hasta el grito con violencia desesperada, para sentir que estamos despiertos, que no es una ilusión o solo una ilusión. Muérdeme hasta el grito, aprieta tus dientes con ternura. Quiero sentir.

Proverbio

Carnero

Olvido

Fin