jueves, 31 de marzo de 2016

Oso


Enfrentarse a la vida como si lucharas con un oso. Un oso que no busca más que la supervivencia, la suya propia y la de su prole.

Enfrentarse cara a cara con la naturaleza y la humanidad; Todos contra todos.

Huir de la guerra y de su barbarie y encontrar el odio y el rechazo a la raza. A lo ajeno.

Muchos hombres pero sólo el oso está siendo razonable ¿No era la razón lo que nos hacía humanos?

Vivir contra todo.

La belleza arrebatadora del bosque: Las copas alargadas carentes de hojas en los valles, el blanco devastador del hielo cubriendo el suelo, dañando la retina.

El ritmo incesante del fluir del río. Ruido de cantos en la orilla. El mapa más sencillo, el agua guía a los buenos y a los malos. A los listos y a los tontos. El río es la respuesta más evidente.

La naturaleza ofrece todo, lo da todo: comida, cobijo, calor, sombra. Regala música, incluso baile. Madre naturaleza. Pero ella es despiadada y extrema. No conoce la compasión por los débiles.
Te arrojará sin pensárselo al vacío.

Morir solo.

jueves, 22 de enero de 2015

Ball Game




Juego de pelota (y de pelotas) cuyo objetivo es mantenerla en el aire, nunca puede caer al suelo. Se juega por equipos con la peculiaridad de que participa un solo equipo de dos jugadores en la modalidad clásica y mayoritaria,  aunque el número de jugadores admite modificaciones en función de las preferencias y filias de los participantes. Juego de dos, un equipo de dos que han de mantenerse con todos los esfuerzos arriba, más o menos arriba, incluso al ras del suelo.

El contrincante es la gravedad: Si la bola toca la pista, pierdes. 

Se juega en un campo que es acotado por el espacio vital de los jugadores, el campo puede expandirse tanto como la duración de la partida. Es un deporte de resistencia que depende de la maestría de los participantes.

Requiere grandes habilidades, como mínimo los jugadores han de tener complicidad entre ellos,mucha capacidad de observación y ser empáticos, además estas cualidades se multiplican si equilibran las carencias del otro. Es un juego de concentración; en ocasiones uno de los miembros puede distraerse o tener un mal día y todo el peso del partido puede recaer en el otro, hay que cuidar esto y estar entrenado para cuando suceda ya que puede hacer que la motivación decaiga y con ello la pelota. 

Las normas son sencillas: todo vale mientras que el balón se mantenga en el aire, éste puede subir y bajar cuanto quieras, pero no botar. Obviamente la bola no siempre estará por encima de las cabezas de los jugadores, habrá momentos en los que tendrán que tirarse al suelo, hincar la rodilla en el asfalto, pero en eso consiste la diversión. Puede bajar siempre que no llegue al suelo. 

Si la esfera cae se romperá el hilo imaginario que une a las tres partes: los dos miembros y la pelota. Si pierden habrá que volver a empezar y los equipos tendrán que ser diferentes, esta es otra regla: en este juego hay memoria y supone que tras el partido perdido habrá rencores, reproches, recuerdos y será muy difícil hacer olvidar a los participantes el juego anterior: los momentos buenos y los malos. Uno de los jugadores perdió y el otro lo sabe. 

Así es el amor y estas son sus reglas.



viernes, 16 de enero de 2015

Blue


He encontrado entre mi cabellera lacia y oscura un pelo largo, rubio y rizado. Supongo, he de suponer, que pertenece a mi yo anterior, a la aristócrata de los años 20 que frecuentaba cabarets para salir de su rutina de mesas de mármol y tazas de porcelana fina humeantes de té.

He encontrado en mi brillante calva un pelo negro y solitario. Creo que es un ermitaño, no quiere saber nada de nadie, no quiere compañía, no necesita más que un terreno yermo para subsistir. Debió nacer aquel día de ostracismo y reniegue social. 

Lo primero que pensé al despertar aquella tarde fue que mis amigos me habían gastado una broma pesada. La noche anterior había bebido más de la cuenta y tenía lagunas en la memoria y una destilería en el estómago. Cuando llegué tambaleándome al baño y me vi reflejado me sobresalté, "¡Qué cabrones!" una peluca rubia con media melena y flequillo estaba pegada a mi cabeza, primero sonreí y traté de despegarla, pero al tirar de ella arranqué varios mechones. Se me saltaron las lágrimas, volví a tirar apretando los ojos y las muelas y grité. No sé cómo, pero pelo a lo Marylin era mío, salía pelo a pelo de mi cuero cabelludo. Lo recorté, me pasé la maquinilla a un ritmo acelerado y angustioso, vi caer mechones por mis hombros, vi el suelo cubierto de hilos dorados y, al mirar mi reflejo, allí estaba. Intacto. De esa noche conservo un precioso cabello rubio, ahuecado e indestructible,  algunas lagunas y gran aversión al tequila.

Al despertarme esta mañana descubrí un pelo teñido de azul enredado entre mis pelusas de rincón. Hace varios inviernos que no barro los rincones, pero hace más de tres años que no entra nadie en mi habitación, nadie que no sea yo. No recuerdo haber llevado el pelo azul, aunque sí recuerdo pensarlo, imaginarme con el pelo corto y azul. Así que debí crearlo. Creció en mis pelusas y en el olvido se hizo largo.

Siempre que visito la peluquería siento melancolía. Lavan mi pelo hasta que lo hacen rechinar de limpio. Luego me cepillan y lo cubren de pinzas. Esa imagen del espejo me atemoriza los días de tormenta. Y luego las tijeras: Tris-tras, tris-tras, tris-tras. El suelo usando mi peluca se peina por última vez. Look de escoba y recogedor.

No te atrevas. 
Ni te acerques. 
No me tocarás ni un pelo.

martes, 13 de enero de 2015

A VECES


Tú no sabes nada sobre mí, aunque te parezca que has leído en mis silencios
Que has navegado por mi corriente sanguínea, a contracorriente, claro,
Porque no venias  a quedarte.

Tú crees que eres especial,
Porque he posado mis ojos sobre ti
Y no te intereso.

Esas cosas pasan, a veces
No se enamoran de mí.
Esas cosas pasan.
A veces.

Si vuelves por mis rutas,
Por mis bares. Dime hola, no temas.
Inofensivo fue lo que hubo.
No hay herida, no hay punción.

Si alguna vez te encuentro de frente
Te sonreiré con mis dientes de plata brillante.
Porque desde el principio hasta hoy
Eso era lo único que te aseguraba.

Esas cosas pasan: a veces
No se enamoran de mí.
Esas cosas pasan.
A veces.

viernes, 28 de noviembre de 2014

Berta y Bosco


Nudo: Apenas podían respirar, el aire era espeso y húmedo, cargado de aliento y saliva. No podían respirar, pero no querían más vida que esa. Esa bajo las mantas, vida de cama y domingo. Vida y piel. Seres humanos y cinco sentidos. Se respiraban, aunque casi no quedaba oxígeno bajo las sábanas.

Planteamiento: La vio de espaldas y la reconoció por las piernas largas y la postura infantil impropia de la mediana edad. Cuando se le acercó sonrió mucho, con expresión sincera y, de pronto, Bosco, supo que todo iba a cambiar. Era la primera vez que se veían después de tantos países, tantas historias, tantas analogías.

Desenlace: Berta cerró la puerta del coche, se aseguró de que llevaba todo lo que iba a necesitar: el cargador, dos mudas de ropa interior, una falda, una camiseta blanca y otra negra, chanclas, un biquini de rebajas y lo puesto. Nada estaba pensado, no lo habían preparado y como los grandes planes sólo podía salir bien. Cerró los ojos, buscó los dedos de Bosco y los acaració uno a uno. "Arranca"

viernes, 21 de noviembre de 2014

Bajar escaleras


Una vez, distaban ya años entre los protagonistas de esta historia, cuando ella visitaba a D (alguien a la que él conocía, pero que no recordaba). Mientras ella, la protagonista, y su amiga tomaban una caña en un bar de barrio muy improbable de Madrid, aparaeció en escena él, o quizás no lo fuera. Lo primero que vio fue una sombra lejana: misma silueta, misma nariz corva, pelo revuelto. Vuelco.

D mira hastiada a la chica, ante la amenaza del mismo tema manido. La concentración desaparece de la conversación. "Céntrate" se dice ella, vuelve a su amiga, a sus historias, la complicidad. Lo mucho que se echan de menos.


La sombra se materializa justo a su lado. Le sigue un niño ¿Va con él? Rubio, con chándal y churretes. Vuelco. Vuelco.


"¿Es él?" Le pregunta a D, quien dirige una mirada rápida, arruga el gesto y añade que no lo recuerda, pero que está segura de que la chica no lo habrá olvidado.


El resto del tiempo juntas está velado. Un abrazo. La sombra al otro lado de la calle andando en la misma dirección que nuestra chica. Corazón al galope.


"Espero verte pronto", dice. "Espero que sea él", piensa.


Al girar para entrar en la boca del metro, allí está, parado frente al mapa, mirando muy fijo.


20 escalones.


Uno: "Es."


Dos: "Mismo perfil."


Tres: "No tiene sentido."


Cuatro: "Destino bufón."


Cinco: La mira.


Seis: No sabe qué decir.


Siete: "¿Por qué?"


Ocho: "No es"


Nueve: "Te odio. Te quiero".


Diez: "Pendientes"


Once: "Al menos a este lado"


Doce: "¿Qué está buscando?"


Trece: Ella quiere irse.


Catorce: Ella quiere llorar.


Quince: Mejor correr.


Dieciseis: "Es él."


Diecisiete: "Me lo he inventado todo."


Dieciocho: Silencio.


Diecinueve: Pum-pum-pum-pum. En la boca, en la cabeza. Ensordecedor.


Veinte.


Llega hasta el torno. Vuelve. Se gira. Se para a su lado y dice: "No te llamas como él y no me conoces, ¿Verdad?".


Él sonríe con dientes que la chica no reconoce y dice que no.


"Menos mal", suspira.


La chica entra en el metro pensando que debería haberle besado porque quizás alguien como ella le rompió el corazón, al igual que alguien como él se lo rompió a ella.

lunes, 10 de noviembre de 2014

Diálogo



- Aquí está, ya vuelve esa sensación.
- ¿Qué sensación?
- ¿En serio?¿De verdad me lo estás preguntando? He visto cómo te vestías de mí recogiendo mi ropa interior del cubo de la basura, usando mis pantalones que, por cierto, te van largos; llevando la raya del pelo en el lado izquierdo, robando mi color de labios, comprando, incluso, mi olor. Me sorprende que no sepas completar mi frase, tú, que siempre que conversamos mueves tus labios siguiendo la estela de mis palabras, pronunciando las últimas sílabas de las que vas seleccionando...veo que te incomoda que hablemos de ello, pero la primera en sentir esta extrañeza fui yo, al ver que mis rutinas eran repetidas por otro. Tú.
- Tengo que irme, he dejado la vitrocerámica encendida.
- No, tengo que contarte lo que siento. Vas a escuchar.
- Tengo que irme, mi hermana, mi prima, mi abuela están solas y necesitan que las alimente. Hago la comida con estas manos, manos, manos. Estoy sucia. tengo que ducharme. Mi padre me llevará a la fiesta de bienvenida de la compañía. Es sorpresa, nadie lo sabe aún, él dará un discurso de agradecimiento. El más importante y emotivo del año. Por favor, no se lo cuentes a nadie, que quede entre nosotras.
- Otra vez. Innecesario.
- ¿El qué?
- Tus mentiras, tus excusas, tus secretos, tus manías. Tu disfraz.
- Ya no me disfrazo, ahora soy fuerte, hago lo que quiero, ya no hay sumisión, soy fuerte: ¿No lo ves? Digo que no todo el rato.
- Sistemáticamente.
- ¡NO!
- La sensación por la que preguntabas es esta, escucha atentamente y no preguntes nada más. Después podrás ir a apagar la vitrocerámica, a regurgitar comida para tu familia, a dar brillo a tus rodillas o a preparar el discurso de tu papá. La sensación la conoces bien, ésta la robé de ti, me debías unas cuantas ideas. Mi sensación, mi certeza, es que todo lo que dices es mentira, todo en lo que crees es mentira, todo lo que eres es mentira. Porque lo basas sobre otra mentira que construiste sobre otra mentira. Esa imagen de mi misma interpretada por ti es una mentira más. Otra falacia. Y esto no lo es, esto es de verdad: Basta ya de mentiras.